Jue. Dic 1st, 2022

Como anunciaron los propios feligreses en las redes sociales, en la víspera de Pascua «las autoridades rusas hicieron un regalo de Pascua a los católicos, expulsando en menos de 24 horas al sacerdote de la parroquia moscovita de los Santos Pedro y Pablo, el padre Fernando Vera, sin permitirle siquiera celebrar las liturgias de la Vigilia y del Día de Pascua». Al párroco mexicano del Opus Dei, que lleva siete años de servicio en Rusia, le retiraron el permiso de residencia sin brindar ninguna explicación, dándole sólo un día para regresar a su país. Es muy probable que al sacerdote se le impida regresar a su misión en Rusia. «La expulsión de misioneros no es una novedad en Rusia.

 

Los católicos rusos mantuvieron un perfil bajo en los últimos años, evitando iniciativas que pudieran ser acusadas de proselitismo y profesando una lealtad absoluta a las autoridades y sus instrucciones. Todavía hay muchos misioneros procedentes de varios países del mundo, en parte porque no hay suficientes sacerdotes locales para cubrir las casi 300 parroquias católicas de Rusia.

 

De los cuatro obispos que viven en Rusia, tres son ciudadanos extranjeros y uno es un alemán con ciudadanía rusa. Ya habían expulsado a un obispo en 2002, cuando mons. Erzy Mazur, obispo de Irkutsk , fue obligado a regresar a su Polonia natal. Igor Kovalevsky como titular de la histórica Iglesia de los Santos Pedro y Pablo. Igor había dejado su cargo a raíz de una disputa con el arzobispo Paolo Pezzi y la Curia, de la que había sido uno de los primeros colaboradores desde los años 90. Apenas una semana antes de la expulsión del padre Vera, mons.

 

Pezzi había firmado un decreto de «castigo canónico del sacerdote Igor Kovalevsky por incumplimiento de sus deberes», con una serie de acusaciones que habían exacerbado aún más el malestar en la comunidad católica. El mismo arzobispo Pezzi presidió los ritos de Semana Santa y Pascua invocando «la Santa Cruz, nuestra única esperanza». Los católicos «escuchamos los gritos de dolor de los que mueren, y quisiéramos ayudarles, ser ángeles de la guarda y consoladores, pero sólo podemos actuar junto a Cristo Crucificado», concluyó el obispo.

 

 
Fuente: Infocatólica
Redacción: Natalia Monroy