Vie. Oct 7th, 2022

El Papa Francisco explicó en la Audiencia General de este miércoles 10 de agosto cuál es el verdadero destino de la vida y alertó sobre el peligro de la «ilusoria perfección terrenal».

Por segunda ocasión, el Santo Padre entró caminando con la ayuda de un bastón y no en silla de ruedas al Aula Pablo VI del Vaticano para la audiencia general semanal.

El Papa Francisco continuó con su serie de catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez y reflexionó en la «conmovedora intimidad de la despedida de Jesús a los suyos, ampliamente recogida en el Evangelio según San Juan». El Santo Padre destacó las «lindas palabras del Señor» que dijo en el discurso de despedida que «comienza con palabras de consuelo y promesa: ‘No se turbe su corazón’; ‘Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes”.

En esta línea, el Papa dijo que «la vejez es el tiempo propicio para dar un testimonio conmovedor y alegre de esta espera. El anciano, la anciana, está en espera, en espera de un encuentro. En la vejez, las obras de la fe, que nos acercan a nosotros y a los demás al Reino de Dios, están ya más allá de la fuerza de las energías, de las palabras, y de los impulsos de la juventud y la madurez. Por ello, el Papa explicó que «nuestra existencia en la tierra es el momento de la iniciación a la vida, es vida, pero que te conduce hacia adelante a una vida más plena, una vida que solo en Dios encuentra su realización. Somos imperfectos desde el principio y seguimos siendo imperfectos hasta el final».

«Aquí, en la tierra, comienza el proceso de nuestro ‘noviciado’, somos aprendices de la vida, que – en medio de mil dificultades- aprendemos a apreciar el don de Dios, honrando la responsabilidad de compartirlo y hacerlo fructificar para todos. El tiempo de vida en la tierra es la gracia de este paso».

Al reflexionar en la promesa de Dios, el Papa Francisco afirmó que «el espacio de Dios, que Jesús nos prepara con todo cuidado, es superior al tiempo de nuestra vida mortal» y añadió que «he aquí que la vejez acerca la esperanza de esta realización. La vejez conoce definitivamente el sentido del tiempo y las limitaciones del lugar en el que vivimos nuestra iniciación. Es la ley de la iniciación» porque «nuestra vida no está destinada a cerrarse sobre sí misma, en una ilusoria perfección terrenal, está destinada a ir más allá, a través del paso de la muerte, porque la muerte es un paso. En efecto, nuestro lugar firme, nuestro punto de llegada no está aquí, está junto al Señor, donde Él habita para siempre».

Por último, el Papa invitó a vivir en la espera del Señor para que se cumpla «la ‘apología’ de la fe, que da razón de nuestra esperanza para todos» y hace transparente «la promesa de Jesús, que se proyecta hacia la Ciudad Santa de la que habla el libro del Apocalipsis».

De este modo, «la vejez es la fase de la vida más adecuada para difundir la alegre noticia de que la vida es una iniciación para una realización definitiva. Los ancianos son una promesa, son un testimonio de promesa. Y lo mejor está por llegar. Lo mejor está por llegar.

Fuente: Aciprensa

Redacción: Natalia Monroy