Jue. May 23rd, 2024

En un testimonio conmovedor sobre la supervivencia humana y la fe inquebrantable, Roy Harley, uno de los supervivientes del célebre accidente aéreo en los Andes en 1972, compartió cómo su fe en Dios jugó un papel crucial en los angustiosos días que siguieron al desastre. Harley, quien enfrentó condiciones extremas tras el accidente que capturó la atención mundial, destaca que la fe fue un pilar fundamental para él y sus compañeros durante los 72 días que permanecieron atrapados en la montaña.

Roy Harley relató que en los momentos más oscuros, cuando la esperanza parecía desvanecerse bajo el frío glacial y el hambre, fue su fe en Dios lo que les proporcionó la fortaleza para perseverar. «Sentíamos que, a pesar de todo, no estábamos completamente abandonados. Creíamos firmemente que Dios estaba con nosotros en esa montaña», expresó Harley durante una entrevista reciente.

El impacto del accidente y la subsiguiente odisea de supervivencia no solo pusieron a prueba su resistencia física, sino también su espíritu y convicciones personales. Harley enfatiza que la fe en Dios se convirtió en su refugio y su guía, proporcionando no solo consuelo espiritual, sino también un sentido de comunidad y propósito compartido entre los sobrevivientes.

«En aquellos momentos de incertidumbre, nuestra fe nos unía y nos daba fuerza. Nos recordaba que cada día era un regalo y que debíamos mantenernos firmes en nuestra esperanza y oraciones», comentó Harley. A través de su experiencia, Roy Harley ilustra el poder transformador de la fe, no solo para enfrentar adversidades, sino también para forjar un camino hacia la recuperación y el entendimiento profundo de la vida después de la tragedia.

¿Cómo le marcó la vida la experiencia del accidente en los Andes?

Yo hubiera sido un ingeniero, me hubiera casado y tenido hijos…con una vida normal etc. Lo que vivimos es una historia reconocida mundialmente y ser uno de los protagonistas te marca, pasas a ser una personalidad pública. Lo que haces y decís hoy en día siempre tiene repercusión en las redes.

¿Hasta qué punto ha podido superar las secuelas del todo?

Yo me recuperé físicamente muy rápido, en marzo del 1973 ya había comenzado nuevamente mis estudios en la Universidad, en abril comencé de vuelta con el rugby. Nunca tuve ningún problema traumático ni psicológico, siempre estuve feliz y agradecido de estar vivo.

En esos días tan angustiosos, ¿de dónde sacaron la fuerza para seguir luchando?

En mi caso a mí me dolía mucho que en mi casa mis padres y hermanos lloraban un hijo, un hermano muerto y yo estaba vivo. Yo quería regresar a casa a decirles, no lloren, yo estoy vivo.

¿Cómo les ayudó la fe a no desesperarse?

Era muy importante en todos para sobrevivir. Era lo único seguro que teníamos, fe en Dios y en que íbamos a salir.

¿Fue difícil la decisión de tener que comer carne humana para sobrevivir?

No teníamos alternativa, nos estábamos muriendo, era eso o morir, ¿usted que hubiera hecho? No fue una experiencia agradable, pero la teníamos que hacer.

¿Cómo fue el rescate y la sensación de volver a vivir?

Nosotros escuchamos en la radio que habían aparecido Canessa y Parrado y nos preparamos para la llegada del rescate. Ellos no sabían donde estábamos, por lo que cuando llegaron se dieron cuenta que no podían llevar a todos. Yo me quedé una noche más con la gente del SAR. Una sensación inolvidable.

¿Cómo fue el proceso de adaptación a la vida normal?

Muy rápida, el ser humano tiene, gracias a Dios, esa capacidad impresionante de adaptarse rápidamente a las situaciones. Así como en la montaña nos adaptamos a esa vida, a nuestro regreso nos adaptamos rápidamente a la vida normal.

¿Cómo le unió la experiencia con el resto de compañeros y cómo es su relación actual?

Quedamos con un lazo de unión muy fuerte por lo vivido en la montaña. Somos más que hermanos.

¿Hay algo que eche en falta en la película ‘La sociedad de la nieve’?

La película está muy bien realizada, tiene una serie de detalles impresionantes, pero claro, tuvo que recortar mucha cosa porque si no hubiese sido un film de 50 horas. Bayona filmó más de 800 horas.

¿Por qué decidió dar charlas sobre su experiencia?

Porque en la empresa que trabajaba tenía una política en la que a los 62 años te agradecen los servicios prestados y te retiran, eso yo ya lo sabía cuándo ingresé a mis 32 años.

Como ya no tenía que cumplir horarios, me dediqué a asesorar empresas y entre otras cosas a contar mi experiencia vista desde el rugby, lo vivido en la montaña y la experiencia profesional en grandes corporaciones internacionales en las que trabajé.