Mié. Feb 21st, 2024

El caso de la bebé británica Indi Gregory dio la vuelta al mundo. La pequeña falleció el pasado 13 de noviembre, luego de que fuera desconectada del soporte vital que la mantenía con vida. Ello se dio tras una sentencia de la justicia británica en contra de la voluntad de sus padres y a pesar de que el hospital pediátrico Bambino Gesù de Roma, administrado por la Santa Sede, se había ofrecido a tratarla sin costo alguno.

El 20 de noviembre, la asociación italiana sin fines de lucro Pro Vita & Famiglia anunció que el funeral de la pequeña Indi tendrá lugar el 1 de diciembre, en el Reino Unido, y será presidido por Mons. Patrick McKinney, Obispo de Nottingham.

“Los padres de Indi, Dean y Clear, han invitado a todos aquellos que quieran presentar sus últimos respetos a la pequeña víctima de la eutanasia”, señala la asociación. Además, informa que entregarán a los padres de Indi una carta de “solidaridad, cariño y pésame firmada por más de 50.000 ciudadanos italianos”.

Jacopo Coghe es vicepresidente de Pro Vita & Famiglia y siguió de cerca el desarrollo del caso de Indi. En una conversación con ACI Prensa, explicó que lo sucedido con la niña debe llevar a la reflexión y a tomar las medidas necesarias para proteger la vida humana, especialmente la de aquellos que no tienen voz para defenderse.

Después de la muerte de Indi, y tal como sucedió con otros casos como los de Charlie Gard y Alfie Evans, ¿cuáles son a nivel moral y ético las principales cuestiones que la medicina y la sociedad en general deben enfrentar con respecto a la vida y la muerte, la enfermedad y el sufrimiento?

El caso de Indi Gregory, como los de Charlie Gard y Alfie Evans, plantea importantes cuestiones políticas, éticas y sociales sobre la sacralidad y dignidad de la vida humana.El miedo al sufrimiento a veces lleva a considerar la muerte como la única solución en ciertas circunstancias, o al menos como la “preferible”. Toda vida siempre es digna de ser vivida. Si está afectada por un gran sufrimiento, por una enfermedad quizás incurable, eso no significa que la medicina o la sociedad deban dejar de cuidar al que sufre y a quienes sufren a su lado: familiares, parientes, amigos, trabajadores sociales, etcétera.

¿En qué se basó el Estado británico para desconectar a la niña de su soporte vital, provocando su muerte e ignorando tanto la voluntad de sus padres como las posibles alternativas de tratamiento? ¿Qué otros peligros podrían traer estos casos a corto plazo?

En estos casos, la decisión, con la excusa de un supuesto «mejor interés» para el niño, fue tomada por médicos y jueces basándose en parámetros de dignidad de la vida totalmente eutanásicos. 

El servicio de salud y la judicatura británicos han considerado a esta niña indigna de vivir a pesar de la posibilidad real de los mejores cuidados paliativos y del amor de sus padres. Si la inviolabilidad de la vida ya no es un principio intangible, nada impedirá que el Estado también establezca casos en los que algunas personas deben ser eliminadas sin su consentimiento, porque el propio Estado lo considera como su «mejor interés».

Específicamente, ¿cuáles son los peligros de un sistema judicial ideologizado y de un Estado con prácticas totalitarias, despóticas y autoritarias como las del Estado inglés?

La intervención del Estado en el caso de Indi Gregory puede interpretarse como un ejemplo de autoritarismo y totalitarismo, donde las decisiones médicas y familiares están dominadas por una rígida ideología cínica y utilitarista. 

Esto lleva a una flagrante violación de los derechos humanos tanto de los padres como, obviamente, de la vida de quienes sufren y están enfermos. Todos los sistemas autoritarios en la historia han intervenido de manera abusiva en la esfera familiar, privada, íntima, y han pretendido poder decidir sobre la vida o la muerte de las personas. Ese es el peligro.

¿Cómo responder —tanto a nivel humano, como espiritual y científico— a quienes afirman que lo que sucedió fue lo mejor «porque Indi no merecía sufrir más»?

Se puede y se debe responder que cada vida tiene un valor intrínseco y que el sufrimiento no reduce este valor. Apoyar la vida, incluso en condiciones de sufrimiento, es un compromiso para la protección de la dignidad humana, reforzado por una visión espiritual, obviamente para quienes creen, que ven cada vida como única e irrepetible, preciosa. 

Cada vida es única y preciosa también para quienes no creen. Basta pensar que los padres de Indi no eran creyentes y que la pequeña fue bautizada sólo unos días antes de morir. Además, la cuestión del sufrimiento de Indi ha sido una de las muchas noticias distorsionadas y manipuladas.

Si hubiera continuado el tratamiento en el Bambino Gesù de Roma, Indi no habría sufrido más. El protocolo médico del hospital en Italia era muy claro y preciso al respecto. Además, como era previsible y de hecho seguro, la pequeña sufrió más con la desconexión de las máquinas, que le provocaron una muerte atroz por verdadero sofocamiento. 

Esto también demuestra la voluntad ideológica de los jueces y médicos ingleses, que no consideraron otra vía de tratamientos realmente paliativos, además propuestos por una excelencia médica internacional como la del Bambino Gesù.

¿Cómo contrarrestar el pensamiento utilitarista y egoísta que le quitó la vida a Indi? Se trata de una forma de pensar que es la raíz de males terribles de nuestro tiempo como el aborto y la eutanasia.

Hay que comenzar combatiendo el pensamiento utilitarista que valora la vida en función de su «calidad» o contribución aparente a la sociedad. Por consiguiente, se debe promover una cultura de respeto por la vida, desde el nacimiento hasta la muerte natural. Esto puede ayudar a desafiar las mentalidades que justifican el aborto y la eutanasia. Y luego, obviamente, actuar a nivel político, institucional, legislativo y burocrático. Estos aspectos también llevaron a la «condena a muerte» de Indi.

¿Cómo reaccionar, como ciudadanos, ante la gran injusticia cometida esta vez por el Estado británico, pero que podría repetirse hoy en casi todos los países occidentales?

Los ciudadanos pueden reaccionar a través de la información y la sensibilización, promoviendo el respeto por la vida y la soberanía familiar. Participar activamente en la vida cívica, expresando disenso a través de canales legales y pacíficos, es fundamental para contrarrestar injusticias similares. Y luego actuar a nivel no sólo cultural, sino también —y sobre todo— político.

¿Existía una diferencia entre el tratamiento recibido por Indi en el Reino Unido y el que habría recibido en el Hospital Bambino Gesù? ¿Cómo afecta este caso a las relaciones bilaterales entre el Reino Unido e Italia?

La diferencia es abismal, porque es la que existe entre la vida y la muerte, entre curar y matar. El caso de Indi ha mostrado diferencias sustanciales entre el gobierno británico y el italiano, así como entre la cultura más cínica y utilitarista inglesa y la más ética y valórica italiana, entre la supresión del enfermo y el alivio del sufrimiento. 

Nosotros, como Pro Vita & Famiglia, hemos propuesto un acuerdo político-diplomático bilateral entre Italia y el Reino Unido, de modo que en otros posibles futuros casos similares haya un canal preferencial para aquellos padres que deseen traer a sus hijos a recibir tratamiento en Italia.


Fuente: Aciprensa