17 julio, 2024

En la ciudad de Bogotá, entre el 28 de agosto y el 1 de septiembre, se llevó a cabo la Asamblea Nacional de Directores Obras Misionales Pontificias y Pastoral Misionera. Este encuentro reunió a aproximadamente 60 personas, incluyendo sacerdotes, religiosas y laicos, procedentes de todas las regiones de Colombia. Bajo el lema «¡En la Iglesia Misionera, Colombia de primera!», el evento sirvió como antesala para la celebración del centenario nacional misionero en 2024.

La asamblea tuvo dos objetivos principales: conmemorar el valioso camino misionero que ha recorrido la Iglesia colombiana y establecer los pasos a seguir a nivel local, regional y nacional para preparar el congreso centenario programado del 5 al 7 de julio del próximo año.

El liderazgo de este evento estuvo a cargo de Monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de la Diócesis de Istmina-Tadó y administrador apostólico de la Diócesis de Quibdó, quien también es el presidente de la Comisión Episcopal de Animación Misionera. Junto a él estuvo el Padre Samir García, director del Centro Nacional Misionero de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y responsable de las Obras Misionales Pontificias de Colombia (OMP). En el primer día, la asamblea contó con la presencia de Monseñor Luis Manuel Alí Herrera, obispo auxiliar de Bogotá y secretario general de la CEC, quien presidió la Eucaristía y brindó motivación a los asistentes para su reflexión y trabajo durante el evento.

Uno de los puntos destacados de la asamblea fue la ponencia presentada por Monseñor Mario de Jesús el martes 29 de agosto. En ella, hizo un repaso de los congresos misioneros celebrados en Colombia desde 1924 y resaltó el papel preponderante que el país ha tenido en la misión en toda América Latina. Subrayó que la razón fundamental de la Iglesia es la misión, y todo lo que hace es una consecuencia de ello.

El prelado enfatizó la importancia de fortalecer la Misión Ad gentes dentro de las comunidades para luego llevarla con mayor dinamismo a otros territorios en busca de aquellos que aún no han conocido a Jesús. También recordó que las Obras Misionales Pontificias son una petición directa del Santo Padre y, por lo tanto, deben implementarse en todos los niveles y grupos de la Iglesia.

El Padre Samir García instó a los participantes a reflexionar sobre el compromiso que asumirán en este centenario, considerando el legado de valentía y dedicación de quienes construyeron esta obra misionera en el pasado.

El congreso centenario de 2024 no será simplemente un evento institucional de la Iglesia colombiana, sino una oportunidad para vivir este hito desde la esencia de las diversas comunidades y dimensiones del trabajo pastoral de cada diócesis. Durante la asamblea, los participantes colaboraron en comités regionales misioneros, proponiendo diversas actividades para grupos pastorales y parroquiales. El objetivo final es consolidar el espíritu misionero de la Iglesia y fortalecer su compromiso en la evangelización.

Una reflexión desde la identidad misionera de la Iglesia


En esta asamblea también estuvo presente monseñor Óscar Múnera Ochoa, Vicario Apostólico de Tierradentro, miembro de la Comisión de Animación misionera. Durante el tercer día, además de celebrar la Eucaristía, el obispo presentó una ponencia en la que destacó la importancia de fundamentar la vida en Cristo y la identidad de los directores de las OMP como piedra angular en la misión. Basándose en el Evangelii Gaudium (EG) y el pasaje bíblico de Mateo 7, 21-29, resaltó la necesidad de mantener una vida de oración y discernimiento, así como superar las tentaciones que pueden surgir en el camino misionero. Además, subrayó la relevancia de llevar a cabo una labor evangelizadora sólida y comprometida en la Iglesia Católica en Colombia.

Además, durante el encuentro se llevaron a cabo las elecciones de los nuevos Coordinadores y Secretarios de los ocho COREMI que existen en el país. En este momento, se destacó la relevancia de dichos roles en el tejido de la Iglesia colombiana, reconociéndola como una entidad que se forja en la unión y la sinergia de esfuerzos para lograr mayor cohesión.

El cuarto día de la asamblea estuvo marcado por una visita de los participantes a la Catedral de Sal y la Catedral de la Santísima Trinidad, San Antonio de Padua y Nuestra Señora de la Asunción de Zipaquirá, una experiencia de profunda espiritualidad, pero también de fraternidad.  

Los llamados del presidente del episcopado a los directores de misiones del país 

La última jornada del evento, desarrollada el viernes 1 de septiembre, estuvo acompañada por monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Allí, el Cardenal Electo, realizó una ponencia en la que compartió la historia de la propagación de la fe en Colombia, destacó la importancia de la Madre Laura e instó a los participantes a reconocer este momento en el que se «nos llama a ser misioneros en el mundo contemporáneo teniendo como base el servicio».

En el marco del Sínodo sobre la Sinodalidad, monseñor Rueda recordó que el llamado a la sinodalidad y a la misión se extendió a tres grupos de personas dentro de las comunidades: los totalmente fieles, los que están en transición y los que no aceptan la fe. Afirmó que esta diversidad de grupos los desafía ahora a encontrar formas creativas y auténticas de llevar el mensaje del Evangelio a todos.


En su ponencia, el presidente del episcopado también destacó la importancia de la mujer, del diaconado permanente y de la ministerialidad dentro de la Iglesia, alentando una participación activa y significativa de todos los fieles, rompiendo con el clericalismo y promoviendo la voz de todo el pueblo de Dios.


Al cierre, monseñor Luis José presidió una Eucaristía en la que invitó a los participantes a renovar su compromiso de ser, en todos los rincones de Colombia “una Iglesia sinodal misionera, una Iglesia orante y una Iglesia servidora”


Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia