“Desde aquí, mientras escucho los sonidos de disparos y bombas, puedo ver cuán grande es la mentira de los medios occidentales”. Teresa Mkhitaryan (en la foto de abajo con algunos refugiados), fundadora de la asociación humanitaria “Il Germoglio” (que recibió una medalla de oro en Armenia por el “enfoque humanitario”) habla sobre el ataque que está sufriendo estos días su tierra natal mientras duerme en la frontera norte entre Armenia y Azerbaiyán: “No es cierto que hayan muerto cientos de personas, sino miles. No es cierto que fuimos nosotros los que atacamos, sino Azerbaiyán. No es cierto que estén atacando sólo a la región de Nagorno-Karabaj, sino también Armenia”.

Fuente: Youtube 

Mkhitaryan, ¿qué estás haciendo exactamente en Armenia?

 

Nací en la capital, en Ereván, luego emigré a Suiza a los 19 años, estudié allí y tuve éxito en las finanzas internacionales, en donde trabajé con personas muy importantes. Me convertí al cristianismo en Zurich, porque en Armenia fui a la escuela durante el período en el que fuimos sometidos al ateísmo comunista de la Unión Soviética. A pesar de mi conversión, vivía en la riqueza y según lógicas más mundanas que cristianas. Hasta que decidí irme a Armenia para celebrar un cumpleaños: cuando llegué a casa encontré a una señora muy pobre que me cambió la vida. Cancelé la fiesta y usé el dinero para hacer paquetes de comida, abriendo una sección del Banco Alimentario, la ong italiana para la que había trabajado en Varese. A partir de ese momento decidí dejar las finanzas, aunque muchas personas pensaron que estaba loca. Luego fundé la asociación suiza “Il Germoglio”, con la que hicimos una gran cantidad de cosas: miles de personas en todo el mundo se unieron a la asociación y así compramos 100 casas para las víctimas del terremoto de Armenia, construimos jardines de infancia y escuelas, distribuimos 152 toneladas de alimentos y reforzamos la frontera con Turquía. Ahora estoy aquí para dar de comer a los refugiados y a las personas desplazadas de este conflicto que comenzó hace dos semanas. Todo lo que hacemos es por nuestra alma y por aquellos a quienes ayudamos, para traer luz y esperanza y acercarnos al Señor.

 

¿Dónde estaba cuando estalló la guerra?

 

El 27 de septiembre estaba en Suiza, inmediatamente compré un pasaje para regresar a casa, pero cancelaron el vuelo. Me tomó seis días llegar a Armenia. La situación se pone cada vez peor y entiendo la gran mentira del mundo desde aquí. La causa de la guerra es obvia, sin embargo, hay periódicos que escriben que Armenia con solo 3 millones de habitantes ha invadido a los azeríes, que son apoyados por los turcos y los yihadistas. ¡Es ridículo!

 

Entonces, ¿por qué comenzó el conflicto?

 

Armenia es el país cristiano más antiguo. Un país entre Turquía y Azerbaiyán que nos ve como el obstáculo para el sueño panturco. El genocidio armenio de los turcos de 1915 se llevó a cabo por la misma razón. Luego, un millón y medio de armenios fueron exterminados con métodos bárbaros, en los que Hitler se inspiró para eliminar a los judíos, mientras que otros escaparon. Algunos decidieron quedarse y luchar con ayuda rusa. Desafortunadamente, sin embargo, cuando Stalin tomó el poder, entregó las regiones de Nagorno-Karabaj y Nakhichevan, pertenecientes a Armenia, a Azerbaiyán, un estado que existe solo desde 1921. Cuando la URSS colapsó, todas las repúblicas comenzaron a declarar la independencia de la Unión Soviética y Nagorno-Karabaj hicieron lo propio gracias a un referéndum en el que el 97 por ciento de la población se manifestó a favor de la independencia. En esta tierra hay 300 monumentos cristianos: es una tierra enteramente armenia y cristiana que nada tiene que ver con el Azerbaiyán turco-musulmán, que bajo la excusa de este territorio libra una guerra sucia y violenta.

 

¿En qué sentido sucia?

 

Para dar solo un ejemplo, los turcos entraron en un pueblo donde había una mujer con un niño discapacitado en silla de ruedas que no pudo escapar: los turcos no solo la mataron a ella y a su hijo, sino que también los picaron en pedazos. Estos son los métodos de los yihadistas sirios llamados por Turquía que controla parte de Siria, gente que se graban mientras cortan la cabeza a nuestros jóvenes soldados y envían los videos. Pero el mundo entero calla.

 

¿Por qué tanto silencio en el mundo?

 

Conozco el mundo de las finanzas internacionales y los salones del poder, donde todos saben que los medios de comunicación son controlados y manipulados para servir a la mentira del grupo que los controla. Son pocos los periodistas que buscan la verdad. Hay periodistas en Occidente, incluso en Italia, dispuestos a escribir que son los armenios (un país pobre y sin riquezas naturales de 3 millones de habitantes) quienes atacaron Azerbaiyán, que tiene 9 millones de habitantes y son apoyados por Turquía (que tiene 90 millones). Aun así, el presidente de Azerbaiyán ha sido reconocido como la persona más corrupta del mundo. Esta parte del mundo debe callar sobre un ataque que resultaría escandaloso para todos. Además, Turquía combate con las armas de la OTAN: los turcos volaron la catedral de Ghazanchetsots bombardeándola dos veces en 20 minutos y los periodistas rusos presentes encontraron los códigos de las bombas.

 

¿Es por eso que Rusia no interviene?

 

Porque parte de Occidente quiere provocar una guerra entre Rusia y Turquía en territorio armenio. De hecho, también afectan al territorio armenio.

 

¿Cómo lo sabe?

 

Hasta ayer estuve en la frontera norte de Armenia con Azerbaiyán, en donde hay algunas familias a las que ayudamos: recé el Padre Nuestro toda la noche mientras escuchaba el sonido de balas y bombas. Rusia ha firmado un acuerdo con Armenia en el que garantiza su seguridad, por lo que está claro que esto es una provocación. Rusia no se rinde por ahora porque si interviene, se puede desencadenar un conflicto enorme.

 

Sin embargo, si nadie interviene, solo 3 millones de habitantes tendrán dificultades para resistir…

 

Es cierto, usan armas poderosas y hasta poco convencionales, mientras que nosotros tenemos armas menos poderosas. Han muerto miles de armenios, pero pudo haber sido peor: del frente llegan historias de milagros, de soldados armenios que con un solo disparo logran alcanzar su objetivo y de bombas enemigas que no explotaron, por eso un periodista ruso enviado a la guerra escribió que Dios está con los armenios.

 

Entonces, los periodistas pueden ingresar a Armenia…

 

Nuestro país permite que vengan todos los periodistas porque no tiene nada que ocultar. En cambio, Azerbaiyán no permite la entrada de ningún periodista, porque de lo contrario se descubriría la presencia de yihadistas y de armas prohibidas por la comunidad internacional. Azerbaiyán ni siquiera permite que la comunidad internacional instale cámaras de vigilancia, como ha estado pidiendo la diplomacia armenia durante años.

 

¿Cómo está reaccionando la población a este ataque inesperado después de años de paz?

 

Tenemos en las espaldas un genocidio y una sumisión a la Rusia soviética: sabemos que esta guerra es por la vida o la muerte de Armenia, por eso nadie escapa, de hecho, muchos armenios están regresando a casa. 20.000 armenios han llegado en autobús desde Georgia. Mis sobrinos, mi cuñado, mi tío, que vino de Moscú, y todos los hombres que conozco se han unido al ejército como voluntarios. Nuestras madres, como la mía, nos criaron diciendo que “si morimos, moriríamos todos juntos, pero antes de morir debíamos haber luchado”. Somos un pueblo que sabe que también tiene una responsabilidad ante Dios.

 

Hay videos en los que los pelotones del ejército armenio rezan el Padre Nuestro antes de luchar y algunos soldados son muy jóvenes. ¿Cómo es posible?

 

El cristianismo está en el centro de la educación: la fe no es solo un ritual, sino una forma de vida. La tradición cristiana y el recuerdo del genocidio están muy presentes. En mi ciudad, Ereván, estos días hay cola para entrar a la iglesia a rezar. La misma que vi fuera de los supermercados italianos durante el Covid. También tenemos sacerdotes no secularizados que desde pequeños educan a los niños en la batalla, enseñándoles la responsabilidad de dar testimonio de Jesús porque somos su pueblo, pequeño, pero con una gran misión.

 

De hecho, hay fotos de soldados armenios de rodillas rezando o acompañados de sacerdotes.

 

También hay videos de madres que con dolor despiden a sus hijos que van a la guerra. Ya han muerto varios jóvenes que conocía, hijos de mis amigos, parientes. David, un joven soldado, dijo que durante dos horas se preguntó qué significaba ganar la guerra y luego entendió: “Mamá – escribió – cuando alguien muere decimos que se va a casa”. Los musulmanes nos masacran, pero morimos con dignidad. He visto a muchas personas heridas, niños, pero que siguen sonriendo. Los sacerdotes están en primera línea para asistir espiritualmente a los soldados.

 

Hay quienes sostienen que hablar de conflicto religioso sea contraproducente. ¿Es cierto que ponerlo en este nivel puede animar a otros países árabes a sumarse al ataque?

 

Los cristianos están desapareciendo por la razón opuesta: no tenemos el valor de decir la verdad y de luchar. Cuando se produjo el genocidio, los turcos decían a los armenios que si se hubiesen convertido al islam se hubiesen salvado, no hubiesen sido torturados, los recién nacidos no hubiesen sido masacrados… pero han preferido morir mártires. Si los cristianos armenios existimos todavía es gracias a este sacrificio, de lo contrario todos seríamos musulmanes.

 

¿Qué esperar en tal escenario?

 

Les pido que recen un rosario por Armenia y los armenios. Solo un gran milagro puede salvarnos; el mundo, como hace 100 años, nos ha dado la espalda. Los intereses económicos, la gasolina, el gas y el caviar negro turco reinan y determinan las decisiones.

 

Fuente: Brújula Cotidiana
 
 
 
 

 

 

 

Nota enviada por Teresita González a webmaster