Vie. Dic 9th, 2022

En el sector del Codito y Cerro Norte, ubicados al nororiente de Bogotá, están ubicadas cuatro parroquias. Todas hacen parte de la Vicaría Episcopal Territorial de Padre Misericordioso de la Arquidiócesis de Bogotá.

Cerro Norte

Todos los que hemos transitado por la carrera séptima con calle 160, en la localidad de Usaquén, hemos notado en los cerros orientales una particular mariposa que toma forma gracias a 2.836 viviendas que pintaron su fachada en el año 2019. Mural que batió récords de tamaño en la nuestra ciudad. Allí se encuentra el sector de Cerro Norte.

Los primeros habitantes llegaron a mediados de la década de los sesenta. Antiguamente, en el sector solo habían lotes grandes y varias canteras donde los habitantes trabajaban sacando del cerro material de construcción, usando pólvora, lo que la convertía en un riesgo, no sólo para su vida, sino también para sus viviendas, pues el cerro empezó a ceder en ciertas zonas. La carencia de servicios públicos y el difícil acceso a centros educativos y transporte cambió, cuando en el año 1982 el Distrito legalizó el sector, facilitando la llegada de todos los servicios públicos, educación y transporte formal.

En este sector existen dos parroquias, Santa Cecilia Romana y San Calixto de Caravario.

Padre Gerardo Martínez, párroco en San Calixto de Caravario

Las principales problemáticas que tiene el sector actualmente existen son el microtráfico, violencia, desempleo, desigualdad, falta de instituciones educativas, entre otros… “Tenemos problema de violencia, todo lo que trae el microtráfico a nivel de pobreza, a nivel también de desempleo y de desigualdad”, indica el padre Martínez.

Para responder a todas estas problemáticas los sacerdotes acompañan a la comunidad tanto espiritualmente, y con diferentes actividades que ayuden a solventar de alguna manera esta difícil realidad que viven es este sector, el padre Martínez cuenta con una tienda solidaria, donde se realizan intercambio de productos en la parte alta del cerro “La parroquia todos estos años ha contribuido en ayudar a las personas, primero con el anuncio de la fe con la vivencia y el testimonio la Iglesia Católica que está en todos los lugares, especialmente en los lugares más necesitados. Este año hemos tenido la oportunidad de colocar en la parte de arriba una tienda solidaria, donde se hacen trueque y donde nos ayuda el Banco de Alimentos y las mismas personas han entendido que es necesario la solidaridad entre todos”.

El Codito

Ahora nos trasladamos unas cuadras más al norte por la carrera séptima al sector del Codito. Nació por la compra de unas fincas extensas y alejadas del centro de la Capital, por parte de los señores: Juan de Dios Gallego y Jesús Duarte, en los años cuarenta, quienes procedieron luego a vender pequeños lotes. La comunidad Católica tiene origen en los años ochenta, cuando se comenzó con la evangelización. Allí, la arquidiócesis de Bogotá tiene presencia con dos parroquias Beato Miguel Rúa y San Juan Diego. Sus párrocos son el padre Alexis Ortiz y el padre Diego Hernán Ramírez Arias, respectivamente.

Capilla La Estrellita de la parroquia San Juan Diego

Los sacerdotes respondiendo a estas problemáticas en este difícil contexto buscan realizar diferentes actividades para apoyar a la comunidad “Lo que hacemos desde acá como el ropero, que es una instancia de colaboración mutua, ya que vendemos ropa desde mil pesos y es una ayuda mutua porque recibimos recursos y la comunidad obtiene prendas a muy bajos precios”, explica el padre Alexis.

“Acompañamos a madres gestantes y madres cabezas de familia, nos reunimos cada mes, las acompañamos en sus primeros momentos de gestación. Después del parto con ropa, pañales y alimentación. También, tenemos para los niños algo que llamamos Escuelitas de la Fe y es acompañar niños desde los cinco años hasta los 12 años en la formación de valores y también cristiana. Además, acompañamos a las personas de la tercera edad. Tenemos una población de 60 abuelitos que acompañamos cada 15 días, les damos mercados cada mes” indica el padre Ramírez.


Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia 

Redacción: Natalia Monroy