Vie. Jun 21st, 2024

En el marco de su viaje apostólico a África, el Papa Francisco explicó este 1 de febrero que se encuentra en República Democrática del Congo “para dar voz a quien no la tiene”.

Así lo señaló el Santo Padre al recibir en la Nunciatura Apostólica de Kinshasa a los representantes de algunas obras caritativas que trabajan en la región.

Entre las asociaciones presentes se encontraban un hospital de enfermos de lepra, la escuela de ciegos “Petite Flamme” del Movimiento de los Focolares, los sordomudos de Bondeko, el Centro Dream de la Comunidad de San Egidio y las Monjas Trapistas de Mvanda.

El encuentro estuvo animado por alegres cantos y conmovedores testimonios.

En su discurso, el Pontífice agradeció a los representantes de las obras caritativas por todo lo que hacen y los alentó a seguir hacia adelante.

“En este país, donde hay tanta violencia, que retumba como el estruendo ensordecedor de un árbol que es derribado, ustedes son el bosque que crece todos los días en silencio y hace que la calidad del aire mejore, que se pueda respirar”.

En esa línea, el Papa reconoció que “es verdad, hace más ruido el árbol que cae, pero Dios ama y cultiva la generosidad que germina en el silencio, dando fruto; y posa su mirada, con alegría, en quien se pone al servicio de los necesitados”.

“Hay que buscar y amar al Señor en los pobres y, como cristianos, tenemos que estar atentos si nos alejamos de ellos, porque hay algo que no está bien cuando un creyente mantiene a distancia a los predilectos de Cristo”, advirtió.

Luego, el Sucesor de Pedro confió: “Yo quisiera darle voz a lo que ustedes hacen, favorecer el crecimiento y la esperanza en la República Democrática del Congo y en este continente”, y en seguida resaltó: “He venido aquí animado por el deseo de dar voz a quien no la tiene”.

“¡Cuánto quisiera que los medios de comunicación social dieran más espacio a este país y a toda África; que se conozcan los pueblos, las culturas, los sufrimientos y las esperanzas de este joven continente del futuro!”, indicó.

Después señaló que ese encuentro se realizaba en la Nunciatura, porque “las Representaciones Pontificias, las ‘casas del Papa’ diseminadas por el mundo, son y deben ser amplificadores de promoción humana, centros de caridad”.

Por ello, el Pontífice alentó a realizar en primera línea “la diplomacia de la misericordia, favoreciendo ayudas concretas y promoviendo redes de cooperación”.

“Hermanos y hermanas que aman este país y se dedican a su gente, todo lo que hacen es maravilloso, aunque no es para nada sencillo. Dan ganas de llorar al escuchar historias como las que me han contado”, manifestó el Papa Francisco.

Por ello, recordó que “el poder es servicio y que la caridad no lleva a dormirse en los laureles, sino que requiere urgencia y concreción”.

En este sentido, el Santo Padre llamó la atención sobre “un reto que compete a todos y en gran medida a este país”, porque “lo que causa la pobreza no es tanto la ausencia de bienes o de oportunidades, sino su distribución no equitativa”.

De este modo, el Papa Francisco destacó que “el que pertenece a una clase acomodada, en particular si es cristiano, está llamado a compartir lo que posee con quien está privado de lo necesario, más aún si pertenece al mismo pueblo”.

No se trata de una cuestión de bondad, sino de justicia. No es filantropía, es fe. Porque, como dice la Escritura, la fe sin obras está muerta”, indicó.

Finalmente, el Sucesor de San Pedro dio tres consejos para hacer el bien. En primer lugar, que la caridad requiere “ejemplaridad” en el testimonio de vida. “Se trata de un estilo de vida, de vivir el Evangelio. Por tanto, se necesita credibilidad y transparencia. Pienso en la gestión financiera y administrativa de los proyectos, pero también en el compromiso por ofrecer servicios adecuados y cualificados”, indicó.

El segundo, “saber mirar hacia adelante” para no caer en asistencialismo, sino promover el desarrollo a largo plazo.

Por último, “trabajar en red, cada uno, con su propio carisma” por el bien de los pobres y para “compartir los asuntos urgentes, las prioridades, las necesidades, sin cerrazones ni autorreferencialidad”.

El bien es así, es difusivo, no se deja paralizar por la resignación ni por las estadísticas, sino que invita a donar a los demás cuanto se ha recibido gratuitamente”, concluyó el Santo Padre.


Fuente: Aciprensa