Jue. Feb 2nd, 2023

Se dice que el orgullo es uno de los siete pecados capitales, puesto que es la “cabeza” de muchos otros pecados. Eso significa que, si no estoy atento al orgullo, es muy probable que caiga en otros pecados. De ahí la importancia de explicar este problema espiritual.

Efectos del orgullo y complicaciones en la vida espiritual

Sin embargo, el orgullo es un mal más profundo, que ataca nuestra dimensión espiritual. En vez de confiar en DIOS y reconocer nuestra condición de criaturas, queremos ser totalmente independientes y autónomos, sin ningún tipo de necesidad de relación con DIOS. En mi retiro, algo que me ayudó mucho fue comprender que las veces que peco de orgullo, pienso que yo soy el punto de referencia más importante para mi vida. El problema está, precisamente, en poner mis ideas y criterios de conducta por encima de DIOS mismo. A veces, incluso, sin tener ningún tipo de referencia a DIOS.

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Aunque teóricamente sepa que no puedo ser más importante que DIOS, en la práctica cotidiana yo me vuelvo el centro de todas las cosas, dejando a DIOS a un costado. Todo eso, por supuesto, daña mi relación de amistad con los demás, y puede generar incluso una actitud de rechazo en la que me voy encerrando en una “burbujita de cristal”.

La virtud más importante para combatir el orgullo y sus efectos es la humildad, que significa andar en la verdad. Mirarme a mí mismo con los “ojos de DIOS” y tomar consciencia de mi verdadera identidad. La humildad nos ayuda a comprender que no somos el centro de la realidad. Cada uno es único e irrepetible y DIOS nos ama a todos por igual.

Esa consciencia del Amor de DIOS y aprender a mirarnos desde sus ojos de Amor es fundamental para combatir la soberbia. En segundo lugar, ponemos a Dios en su lugar. Él se vuelve el criterio para saber qué es la Verdad y que es lo Bueno que debemos esforzarnos por vivir.

Prescripción para el día a día

Cultivando una relación personal de amistad con Cristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Para que Él sea el centro de mi vida y no yo mismo. La vida cristiana no es una filosofía de vida, un código de conducta o una suerte de moralismo rígido, sino una relación con una Persona que nos ama y se entregó por nosotros.


Fuente: Catholic Link

Redacción: Natalia Monroy