Vie. Abr 19th, 2024

En el mensaje del Papa Francisco para abril de 2024, compartido a través de El Video del Papa, se dirige una ferviente oración por el reconocimiento universal de la dignidad y el valor inherentes de las mujeres, así como por el fin de la discriminación que enfrentan en diversas partes del mundo. Este mes, la intención de oración del Santo Padre, confiada a la Red Mundial de Oración del Papa, pone un especial énfasis en la urgente necesidad de progreso social que respete plenamente a las mujeres en todos los ámbitos culturales.

El video que acompaña esta intención despliega imágenes poderosas que reflejan las adversidades y discriminaciones que muchas mujeres soportan a nivel global. Desde situaciones de opresión hasta actos de violencia extrema, el Papa Francisco denuncia la discrepancia entre el reconocimiento teórico de la igualdad de género y la realidad que viven innumerables mujeres. Ejemplifica su argumento mencionando leyes y prácticas discriminatorias que aún prevalecen, incluyendo la mutilación genital femenina y otras formas de violencia y abuso.

El Papa Francisco insta a los gobiernos a tomar medidas concretas para abolir estas discriminaciones y trabajar activamente para asegurar los derechos fundamentales de las mujeres. Además, apela a la conciencia global sobre la importancia del respeto hacia las mujeres, quienes aún en muchos contextos son tratadas con desprecio y consideradas inferiores. “Si no respetamos a las mujeres, nuestra sociedad no avanzará”, advierte el Pontífice, destacando que el progreso social genuino requiere una completa integración y valoración de las mujeres en todas las esferas de la vida.

El mensaje del Papa Francisco arroja luz sobre las contradicciones presentes en el mundo actual, donde, a pesar de algunos avances en materia de igualdad de género, muchas mujeres aún enfrentan barreras significativas en el acceso a la educación, el empleo y liderazgo, experimentando brechas salariales y situaciones de pobreza desproporcionadas. Con este llamado a la acción y oración, el Papa invita a todos los fieles y personas de buena voluntad a trabajar juntos por una sociedad que celebre plenamente la contribución única de las mujeres, en camino hacia un mundo más justo y equitativo.

Varón y mujer, una misma dignidad

El respeto por la dignidad de todas las personas es un tema central en el cristianismo. Pues la vida de cada persona es sagrada por ser creada a imagen de DIOS (Libro del Génesis 1:26-27). 

El tema sobre el papel de las mujeres resonó también en la síntesis de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos realizada en octubre del año pasado. “Hemos sido creados hombre y mujer, a imagen y semejanza de DIOS. Desde el principio, la creación articula unidad y diferencia, dando al hombre y a la mujer una naturaleza, una vocación y un destino compartidos y dos experiencias distintas de lo humano. Durante la Asamblea, hemos experimentado la belleza de la reciprocidad entre mujeres y hombres. Juntos, lanzamos la llamada de las precedentes fases del proceso sinodal, y pedimos a la Iglesia el crecimiento de su empeño en comprender y acompañar a las mujeres, desde el punto de vista pastoral y sacramental” manifestaron los participantes del Sínodo en el documento.

Heroínas de todos los tiempos

El Padre Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, recuerda que “desde el principio, Jesús acogió a mujeres como discípulas, lo cual era novedoso en la sociedad de aquel tiempo. María, la madre de Jesús, tuvo un lugar preponderante entre los Apóstoles y en la comunidad primitiva, como lo atestiguan los evangelios. A una mujer, María Magdalena, Jesús le confió la misión de anunciar su resurrección a sus hermanos. A lo largo de la historia, las mujeres han aportado un verdadero dinamismo espiritual a la Iglesia: Teresa de Ávila, Catalina de Siena, Teresa de Lisieux, reconocidas como ‘doctoras de la Iglesia’, y un sinfín de santas. Dado que el Papa nos llama este mes a orar ‘para que la dignidad y la riqueza de las mujeres sean reconocidas en todas las culturas, y para que cese la discriminación que sufren en diversas partes del mundo’, continuemos también reconociendo su papel dentro de la Iglesia. Primera evidencia: sin la participación activa de las mujeres, la comunidad cristiana, si fuera una empresa, estaría en quiebra”.