Mar. Nov 29th, 2022

Los demócratas no quieren arriesgarse a que el magistrado del Supremo Stephen Breyer, que ya tiene 83 años, se muera en un futuro, bajo presidencia republicana. Demasiado riesgo, así que le han animado a dimitir ahora para así darle la oportunidad a Biden de, al menos, no alterar el equilibrio de fuerzas en el Tribunal Supremo. La elegida por Joe Biden para ocupar el asiento de Breyer, y tal y como ya anunció, es una jueza negra de 51 años, Ketanji Brown Jackson, que confirma que los demócratas están abonados a las políticas de la identidad y al neoracismo woke, ese que ha tirado por la borda aquello de Martin Luther King de ser ciegos al color de la piel y recupera el juicio previo basado en la raza. Además, los demócratas controlan ambas cámaras, por lo que el paso de Jackson por los interrogatorios a que son sometidos los candidatos al Supremo no prometían grandes titulares.

 

Más allá de sus credenciales, Jackson no genera grandes expectativas, pero lo cierto es que las audiencias nos dejan la imagen de una candidata incluso menos brillante de lo esperado, pero, eso sí, muy disciplinada, alguien que te asegura que no va a salirse nunca del guion que le van a dictar los activistas woke, muy politizada y con tendencia a hacer declaraciones desconcertantes que son carne de titulares. Quizás lo más chocante sea su incapacidad para distinguir eso tan raro que responde al nombre de «mujer». Es difícil imaginar cómo puede juzgar en cuestiones más complejas y sutiles alguien que no sabe distinguir una mujer cuando se topa con una. Sobre la cuestión candente del aborto, Jackson afirmó que hay un «derecho» al aborto en la Constitución, algo que hasta ahora ni los jueces más progres han sabido encontrar en el texto constitucional.

 

Y cuando el senador republicano John Cornyn le preguntó a Jackson sobre la viabilidad, sobre el momento a partir del que un bebé puede sobrevivir fuera del útero, Jackson respondió que no quería especular. «Senador, no lo sé», respondió de nuevo Jackson. No, tampoco es consciente y no sabe nada de nada al respecto, reiteró la jueza Jackson. Como se ve, no saber casi nada es considerado hoy en día un mérito de cara a ocupar un asiento en el Supremo estadounidense.

 

También llamó la atención la actitud de Jackson en relación con la pornografía infantil, en realidad no muy sorprendente, pues es consistente con su historial de condenas por este delito, sistemáticamente inferiores a las recomendadas. La juez se justificó sosteniendo que hay que tener en cuenta las circunstancias, en un internet en el que la cantidad de imágenes pornográficas es tan grande que a cualquiera se le puede colar pornografía infantil. Y cómo no, apareció el tema de la Teoría Crítica de la Raza y el adoctrinamiento en la misma en las escuelas. Entre ellas, un discurso de 2020 en el que habló a favor del papel que supuestamente desempeña la Teoría Crítica de la Raza en las sentencias judiciales.

 

Lástima que entonces Cruz citara un discurso en abril de 2015 en la Universidad de Chicago en el que Jackson afirmaba que «sentenciar es sencillamente interesante porque funde una miríada de tipos de derecho, derecho penal y, por supuesto, derecho constitucional y teoría crítica de la raza». Otro aspecto que ha salido a la luz en estas audiencias es el activismo de Jackson, involucrada en campañas de adoctrinamiento infantil contra los niños heterosexuales y a favor de lo ‘gender neutral’. De hecho, la escuela de Washington DC, en la que Jackson forma parte del consejo escolar, ha puesto en marcha diversas campañas para promover el «género Neutro» entre sus alumnos. Sobre cuestiones de libertad religiosa, Jackson nos dejó una respuesta inquietante.

 

Al ser preguntada por el senador John Cornyn sobre cómo contempla los ataques a la libertad religiosa en el contexto del matrimonio entre personas del mismo sexo tras la sentencia Obergefell, respondió que los cada vez más abundantes casos son sencillamente por no asumir «la naturaleza de un derecho constitucional». En definitiva, si algo ha quedado claro es que la jueza Jackson es lo que un Partido Demócrata cada vez más mimetizado con las políticas de identidades y la agenda woke deseaba. Pero bueno, Jackson es negra y fiable, que es de lo que se trataba, y es además de los negros buenos, de los que se someten a lo que la izquierda dicta, no como el juez Clarence Thomas, un negro respondón e indisciplinado al que cualquier día de estos le niegan su identidad y le cuelgan la etiqueta de «adyacente a los blancos».

 
Redacción: Natalia Monroy