Los Obispos de Navarra y País Vasco han enviado una carta pastoral conjunta
ante la crisis sanitaria, económica y social a causa de la COVID-19, titulada
“Bienaventuranzas en tiempos de pandemia”.

El Arzobispo de Pamplona y Tudela, Mons. Francisco Pérez; el Obispo de
Bilbao, Mons. Mario Iceta el Obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio
Munilla, así como el Obispo de Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde, firmaron
esta carta dividida en 5 partes y 48 puntos, en donde “desglosan las claves,
desde una visión cristiana y con las Bienaventuranzas de fondo, para hacer
frente a las consecuencias más inmediatas de la actual pandemia que vive
nuestra sociedad y el conjunto del planeta”.

Según precisan, esta carta pretenden “dotar de esperanza a todos los hombres
y mujeres de toda edad y condición desde la fe en Jesucristo resucitado,
vencedor de la muerte y quien acompaña siempre, especialmente en el dolor”.
Los Obispos abordan el tema del sufrimiento humano “generado por el misterio
del mal” y el papel de la libertad y la responsabilidad, del amor convertido en
sacrificio y del consuelo hacia quien sufre asumiendo su dolor y soledad, o la
misericordia materializada en el servicio al prójimo ante esta pandemia.

De esta manera, en la carta pastoral los Obispos de Navarra y País Vasco
animan a buscar el auténtico sentido de la existencia y reorientar la vida
personal, familiar y social, también la vida eclesial, interpelada igualmente por
esta situación.

Resaltan el papel de la familia, donde “hemos sido custodiados y sostenidos” y
donde los creyentes la hemos experimentado como verdadera Iglesia doméstica” sin olvidarse del papel que las familias tendrán para sostener
económicamente a sus miembros y con la preocupación de la exclusión social
que se puede cernir sobre ellas si no se toman medidas especiales de
protección.

Los Obispos también destacaron la generosidad de tantas y tantas personas
que han dado lo mejor de ellas para contrarrestar las consecuencias de esta
pandemia y han dado las gracias “a todos los que han hecho posible que
actuemos con serenidad y esperanza en el difícil trance del confinamiento y la
desescalada”.

Ante la previsible próxima crisis económica y la preocupación de muchísimas
personas por su situación laboral incierta, En la Carta de los Obispos también se advierte que “es necesario proporcionar la ayuda eficaz al tejido económico, empresarial y laboral con vistas a la generación de bienes y al mantenimiento y creación de empleo estable y de calidad” ante la próxima crisis económica y la situación que afrontan muchas familias por su incertidumbre laboral.

Además hacen un llamamiento a la colaboración de instituciones públicas y
privadas, civiles o religiosas y aseguran que es “un momento propicio para
revisar las estructuras sobre las que se asienta la economía, realizando las
correcciones necesarias de modo que la persona sea siempre el centro de la
actividad económica”.

También subrayan que “mientras no sea posible obtener los ingresos
suficientes para una vida digna, debemos sostener a los desempleados,
personas vulnerables y familias en riesgo de exclusión por medio de
mecanismos que les ayuden a afrontar esta situación, tales como la renta de
garantía de ingresos en el País Vasco o la renta garantizada en Navarra”.

Los Obispos recordaron que “las comunidades cristianas, sus laicos,
sacerdotes, diáconos y consagrados han mantenido viva la presencia del Señor
y se esfuerzan para atender a los fieles en sus necesidades materiales y
espirituales” y “las parroquias y sus Cáritas, junto a otras instituciones
eclesiales y civiles, han multiplicado sus esfuerzos para atender a los más
necesitados”.

Algo que, según precisan, constituye junto con sanitarios, policías, voluntarios,
servicios e instituciones públicas y privadas “ejemplos de amor y signo de la
misericordia de Dios que nos sostiene en estos momentos de dificultad”.
También agradecieron el esfuerzo de los sacerdotes de estas diócesis, “por
mantener creativamente las tareas en los diversos ámbitos pastorales, en el
anuncio a través de redes sociales, webs y medios de comunicación, en el
sostenimiento de los procesos de iniciación cristiana, en el servicio de la
caridad a través de Cáritas y otras instituciones eclesiales, en la celebración de
la fe”.

Y recordaron que ha sido “especialmente doloroso” “ no poder asistir físicamente a las celebraciones eucarísticas durante el confinamiento y no
haber podido celebrar las exequias por los fallecidos confortando y arropando a sus familiares”.

De esta manera aseguraron que los funerales por las personas fallecidas
durante estos meses de confinamiento serán finalmente el 25 de julio,
festividad de Santiago Apóstol.

Además recordaron a los fieles la especial importancia de ser, en este
momento histórico, sembradores de esperanza y ser siendo capaces de dar lo
mejor de cada uno por amor y servicio al prójimo, especialmente a los más
vulnerables, con la confianza puesta en el acompañamiento de Dios, que
nunca abandona, y en la firme esperanza de María.

 

Fuente: Aciprensa