En un artículo titulado “Cómo acabar el día” publicado en el sitio web de los Caballeros de Colón, la organización laical más grande del mundo, Monseñor Lori enumeró una serie de ideas que se le vienen a la cabeza durante la noche, impidiéndole el sueño.

 

“En qué horrible condición estaré al día siguiente si no puedo dormir un poco”, pensaba el Arzobispo.

 

Mons. Lori señaló que “la Iglesia, de hecho, ha resuelto todo esto hace mucho tiempo y tiene una oración oficial para culminar el día. La Liturgia de las Horas, también conocida como Oficio Divino o breviario, marca las horas del día con oración: mañana, mediodía, tarde y noche y destacó que tanto obispos, sacerdote y diáconos están obligados a rezarlo, pero todos somos alentados a rezarlo también”.

 

La última oración del día se llama “Completas”, y “es una forma de hacer completo nuestro día”.

 

“Esta oración consiste en un examen de conciencia, un himno en el que le pedimos a Dios que esté con nosotros durante la noche, un salmo que habla sobre recordar a Dios y su misericordia incluso en la noche y luego el plato fuerte: el Cántico de Simeón”.

 

El Arzobispo de Baltimore recordó que “en la bella escena en el Evangelio de San Lucas donde María y José, de acuerdo con la Ley de Dios, llevan al Niño Jesús al Templo en Jerusalén para dedicarlo al Señor, se encuentran con un laico llamado Simeón”.

 

Simeón, destacó, era “un hombre de oración” que esperaba la llegada del Mesías, y “cuyo corazón estaba lleno de esperanza en todo lo que Dios había prometido. Cuando Simeón tomó al Niño Jesús en sus brazos, sus ojos de fe fueron abiertos y supo que sostenía al Salvador esperado por tanto tiempo”.

 

“Lleno del Espíritu Santo, Simeón pronunció este cántico, que forma la parte central de la oración de la noche de la Iglesia: ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’”.

 

“¡Qué bella oración para ofrecer cuando el trabajo de cada día llega a su final! En vez de rumiar en mis preocupaciones o revivir algún contratiempo que el día ha traído, encuentro que cuando verdaderamente me concentro sobre el significado de este cántico, soy más capaz de poner todo el día en su propia perspectiva”.

 

“Si sigo la dirección de Simeón, cuando cada día llega a su final no necesito evitar mis preocupaciones o heridas, ni tengo que tranquilizarlas con felicidades artificiales o pensamientos positivos autoinducidos. Por el contrario, todo lo que necesito en confiar todo el paquete –todas mis fuerzas y debilidades, junto a los eventos del día– al Señor Jesús, que está presente para mí como lo estuvo para Simeón”.

 

Monseñor Lori agregó que “en ese momento de confianza y amor, puedo también serenamente examinar mi conciencia”.

 

 
Fuente: Aciprensa
 

 

 

 
Nota enviada por la periodista Teresita González a webmaster