Dom. Oct 2nd, 2022

Esta fue la invitación que hizo el arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal, Luis José Rueda Aparicio, durante la celebración litúrgica de la fiesta nacional de los 212 años de Independencia de Colombia.

 

En esta Eucaristía,  celebrada el 20 de julio, se resaltó la profunda reconciliación que necesita Colombia y que necesidad en la historia de esta nación se fundamenta en  “el amor a los enemigos, en la no violencia activa, en responder a la guerra con perdón, en abrir el corazón para reconciliarnos, en practicar la misericordia con alegría, en perseverar caminando por los senderos del respeto a la vida, de la justicia, de toda vida, la vida desde el vientre materno hasta la vida del anciano del enfermo terminal”.

 

El prelado propuso a los Colombianos trabajar en la construcción de la ética de la reconciliación, guiados por tres hilos:

 

Vivir alegres en la esperanza

“Primero, estamos llamados a perseverar en todas nuestras cosas, orando por Colombia, papás y mamás hagan de sus hogares escuelas de oración, hagan de sus hogares pequeños templos de amor en la oración, no nos cansemos de orar, la oración es poderosa”.

 

Ser pacientes en el sufrimiento

“Se necesita tener paciencia activa para asumir el sufrimiento de cada día, sin agresividad, sin pesimismo, todas las familias y todas las sociedades del mundo tienen problemas, busquemos que en nuestros campos y ciudades florezca la fraternidad, el encuentro y el diálogo, que florezca el amor fraterno, que es más valiente y más poderoso que la misma guerra”.

 

Perseverantes en la oración

“Para vivir alegres en la esperanza, que es lo que nos propone el apóstol San Pablo, vivamos alegres en la esperanza. Ahí tengo que decirles a ustedes familias y a toda Colombia. ¡Colombia No te olvides de Dios! cuando nos olvidamos de Dios, cuando un país se olvida de Dios va a la ruina, se destruye, se autodestruye. Buscar a Dios es buscar la esperanza, la verdadera esperanza”.

 

Al finalizar, el prelado resaltó el esfuerzo de tantas misioneras, laicos, sacerdotes y obispos, que con su testimonio de vida y su palabra han trabajado silenciosamente en el acompañamiento a las comunidades más vulnerables, llegando a las ciudades y territorios rurales heridos por la violencia, muchos de ellos hasta entregar su vida. 

 

La eucaristía concluyó con el canto del himno del Te Deum ( A ti Dios), considerado unos de los primeros himnos cristianos, el cual se entona principalmente en momentos de celebración, en especial cuando se trata de dar gracias a Dios. 

 

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia

Redacción: Natalia Monroy