Vie. Oct 7th, 2022

Una dificultad que muchos podemos encontrar en nuestro camino de oración consiste en separar lo que decimos a Dios y lo que constituye nuestra vida concreta. Así buscamos un rato para orar, pensamos en un pasaje del Evangelio, pedimos por algún familiar, amigo o alguna necesidad y reflexionamos con la ayuda de algún texto espiritual.

 

Al dedicar una parte de nuestro tiempo a la oración, no podemos olvidar tantos asuntos que llevamos dentro y que son, en el fondo, lo que más tenemos o lo que más amamos. Por eso, necesitamos aprender a orar desde la vida. Entonces, el tema del precio de la luz también podemos presentarlo a Dios, para que nos ayude a entender cuál es la manera para vivir un asunto tan “profano” como auténticos discípulos de Jesús.

 

No se trata de convertir la oración en una especie de recuento de actividades pendientes o de evocaciones del pasado más o menos agradables. Se trata, más bien, de conectar lo que pensamos, lo que deseamos, lo que decidimos, con el mundo de un Dios que es Padre y que desea acompañarnos en los mil caminos de la experiencia humana.

 

En ese sentido, nuestra oración se convertirá en un pan que alimenta el alma, en una luz que guia nuestros pasos y en un fuego ardiente que enciende ese amor que constituye el núcleo más hermoso de toda existencia humana.

 

 

Fuente: Catholic.net

Redacción: Natalia Monroy