Lun. Ago 15th, 2022

Te compartimos la enseñanza «El problema de quien no cree»



Tener fe o no tener fe, esa es la cuestión

Hay personas con fe y personas sin fe. Personas que nacen en el seno de una familia cristiana y son casi genéticamente cristianas. Personas a las que nunca nadie habló de Dios, no lo conocen y por falta de experiencia «divina» carecen de sensibilidad para las cosas espirituales. Personas ansiosas por encontrar un sentido a la rutina de sus vidas. En estas breves páginas, quisiera explicar al creyente el problema de quien carece de fe.

¿Cuál es el problema de quien carece de fe?

Quien pierde el espíritu humano pierde mucho . Pierde, además, la trascendencia y su vida queda así encerrada en la «cárcel» de la inmanencia de este mundo. Podrá disfrutar de muchas cosas, divertirse, etc., pero su vida -considerada globalmente- se ha convertido en un camino hacia el cáncer y la tumba. Pierde el sentido más profundo del amor, que sin espíritu queda reducido a mero placer.

Se le escapa el sentido más profundo de la vida . No es capaz de alcanzar lo único que, en definitiva, realmente importa. No tiene una sola respuesta para los problemas cruciales de la existencia humana. Se “ve” con la inteligencia, pero más allá de donde llegan los sentidos.

Y sobre todo lo que viene después. Quien se cierra en su no-creencia tiene cerrado el acceso a Dios, a la redención, a la salvación. Cerrado a la trascendencia, está cerrado a su desarrollo más pleno, y sobre todo a la felicidad perfecta. Esas ansias de infinito serán saciadas después de esta vida.

Sólo quien sabe quién es puede vivir con plenitud

En la Misa inaugural de su Pontificado Benedicto XVI recordó que “únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo.

Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo” . Para ellos, este bien, en cierta manera, se convierte en un camino hacia Dios. Otros -quizá coherentemente con su visión materialista de vida – viven en la frivolidad pueden distraerse, entretenerse , divertirse, vivir en y para la pavada. Pueden pasar su existencia distraídos, entretenidos y divertidos. Pero al final, se desvela el misterio y se verá cómo han frustrado su existencia llenándola de nada.

¿Es cómodo ser creyente?

Ser creyente es mucho más seguro y, al mismo tiempo, exigente. Es cierto que sin fe se carece de la seguridad del creyente. No se puede conocer el interior de las personas. No haberlo encontrado todavía no alcanza para negar su existencia.

En cambio, parece bastante irrefutable el hecho de que muchas personas cuerdas han vendido todo lo que tenían para comprar ese campo… Si creo en Dios y Dios existe, lo he ganado todo. Si creo en Dios y Dios no existe, no pierdo nada. Si no creo en Dios y Dios existe, lo pierdo todo. Si no creo en Dios y Dios no existe, no gano nada.

Pero no es cuestión de apuestas. No cree el que quiere sino el que puede La fe es un don que Dios no niega a nadie. Es un misterio de la gracia y la libertad humana. Dios se esconde y se muestra. Buscar la verdad y ponerse en condiciones de poder encontrar a Dios. No se trata de conseguir entender a Dios, sino de encontrarlo.

¿Cómo?

Estaría rechazando apriorísticamente la existencia de algo que no es irracional. Y con esta actitud obviamente, difícilmente encontrará aquello cuya existencia rechaza voluntariamente.

Un secreto

Georges Chevrot nos explica que “Dios se hace amar antes que hacerse comprender” . En efecto, a Dios lo conocemos más a través del amor que de la inteligencia. Y a quien lo entiende –aquel a quien el cristianismo le «cierra» perfectamente– todavía le queda camino por recorrer, para llegar a amarlo con todo el corazón. Dios no fuerza nuestra libertad.

Pero la fe, es sobre todo un encuentro. No se alcanza por razonamientos intelectuales, sino que la inteligencia se rinde cuando se encuentra delante de Dios. En concreto, un encuentro personal con Cristo.

Un riesgo frecuente

En el caso de Dios, sólo puede provenir de Él. Por mi cuenta puedo llegar a conocer algunas cosas de Dios, pero lo más importante es lo que Él revela, que es inaccesible a nuestra inteligencia.

La grandeza de la fe

Permite ir más allá de las apariencias, más allá de este mundo. Descubrir las realidades más profundas, el verdadero sentido de las cosas, el sentido de la vida. Y penetrando en el misterio, encontrarse con Dios. Ser llamados a algo muy grande, a la vida eterna.

La fe da respuesta a los interrogantes más importantes de la persona. Los que el hombre no puede dejar de plantearse. Los que moldearán su vida según la respuesta que les dé. Quien carece de fe no los resuelve, sencillamente necesita negarse a plantearlos porque sabe que no puede encontrar respuesta para ellos. La fe no es demostrable, pero creer es razonable. Mucho más razonable que no creer.

Fuente: Catholic.net

Redacción: Natalia Monroy 

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