Lun. Ago 15th, 2022

¿Qué es y qué no es el mal?

Cuando los seres humanos hablamos del mal en el mundo, lo normal es que utilicemos un concepto material del mal, no un concepto sobrenatural. Si miramos la vida desde un punto de vista sobrenatural, nos daremos cuenta de que el verdadero mal es el pecado, es decir, todo lo que nos aleja de la salvación eterna. Lo único que de verdad ha de causarnos sufrimiento es el sabernos alejados de Dios, el ver rota nuestra unión con Él, interrumpido nuestro destino de encontrarnos con Él definitivamente. El otro mal, el mal material, es por extraño que esto suene en nuestros oídos inmersos en una sociedad materialista- una providencia amorosa de Dios para con el hombre.

 

Dios, en efecto, nos prepara a cada uno el camino de nuestra santidad, y ese camino es un camino redentor. La redención supone cruz, porque mediante la cruz lavamos los pecados nuestros y de todos, obtenemos de Dios el perdón. La cruz es dolorosa, pero es alegre, justamente porque es salvífica. Y el mundo está lleno de cruces que muchas personas muchas más de las que suponemos llevan con garbo, con entrega, con voluntad de servicio, con amor.

 

No conocemos sus corazones, su debilidad, la capacidad del amor de Dios por transformarlos sin que se note desde fuera. Eso está en la esencia de una religión noble, alta, exigente, de ética muy elevada, que afirma que es estrecho el camino que conduce a la Vida, pero que afirma también que Dios da a todos, super abundantemente, los medios para recorrerlo con éxito, y es inmensamente indulgente con nuestros fracasos.

 

¿Quiere Dios el mal?

Dios no condena a nadie. Y si el hombre rechaza ese perdón y ese amor, él mismo se condena, no le condena Dios. La respuesta viene al responder a la siguiente pregunta.

 

¿Por qué no evita Dios el mal?

Nos ha hecho libres. Pudo no darnos libertad, en cuyo caso nadie pecaría, nadie se condenaría. Y si nos ha hecho libres, nos tiene que dejar que, si queremos, usemos mal de nuestra libertad. Y de ese mal uso nace el mal material, pues somos los hombres los que creamos un mal que Dios ha de respetar como producto de las decisiones libres de seres libres.

 

Pero es que, además, la cruz es redentora. Dios permite el mal, permite la libertad que lo genera, pero lo vuelve en nuestro beneficio. Nos invita a que carguemos con el mal que nosotros mismos causamos, con la cruz que la vida pone sobre nuestros hombros, para que así no sólo recibamos los méritos redentores de la cruz de Cristo, sino que comuniquemos se llama comunión de los santos a los demás ese torrente de salvación. Él mismo, hecho hombre, recorrió su Calvario fruto del mal uso de la libertad de sus verdugos, en lugar de evitar ese mal.

 

 

 

 

Fuente: Catholic.net

Redacción: Natalia Monroy