Dom. Oct 2nd, 2022

Por donde se la mire, la figura de san Juan Pablo II siempre resulta extraordinaria. Su amor por el teatro, su formación como seminarista clandestino en medio de un régimen de ocupación comunista. Difícilmente se podrá hallar un tema acuciante para el hombre de hoy que no haya sido abordado a profundidad por san Juan Pablo II. Y el ámbito de la sexualidad no es la excepción.

El contexto

Esta proclamaba una libertad absoluta en el ámbito de la sexualidad, lo cual terminaba traduciéndose en una vivencia de la sexualidad orientada predominantemente hacia el placer y sin reglas. Más que un terreno al cual el ser humano podía acercarse con seguridad, el mundo de la sexualidad parecía más bien un campo minado, en el que se tenía que andar con extremo cuidado. Tal vez la más importante de ellas era que la sexualidad es algo muy bueno.

El aporte de san Juan Pablo II

Cuando se piensa en el aporte de san Juan Pablo II al mundo de la sexualidad, lo primero que viene a la mente son las 129 Catequesis que impartió entre los años 1979 y 1984, que constituyen el corpus de lo que él mismo denominó la Teología del Cuerpo. El aporte de san Juan Pablo II al mundo de la sexualidad abarca muchísimos aspectos.

La bondad de la sexualidad

San Juan Pablo II ve la sexualidad principalmente como un don de Dios. Esto ayuda a purificarla del influjo maniqueo al que se había visto expuesta, acentuado ante la amenaza de la revolución sexual. Desde una mirada maniquea, el impulso sexual, el placer, e incluso los sentimientos, se encontraban bajo sospecha, y tenían que probar su inocencia. Esto le permite a san Juan Pablo II hablar, por ejemplo, de una interpretación religiosa del impulso sexual.

En atención a esta, la bondad del impulso sexual se ve elevada a un plano sobrenatural, pues constituye un medio a través del cual el ser humano se inserta en la dinámica creadora de Dios.

La orientación de la sexualidad hacia el amor

San Juan Pablo II no solo viene a recordarnos que el rico mundo de la sexualidad es algo maravilloso, hermoso, y muy bueno, sino que nos ayuda a descubrir su razón de ser, que es el amor. Esta afirmación nos permite lanzar un mensaje no solo atractivo sino poderoso a los hombres y mujeres de hoy, que hemos heredado de la revolución sexual, una cultura hipersexualizada. Esta orientación al amor es la base para un giro copernicano en la enseñanza de la moral sexual de la Iglesia. Pero lo esencial es que el terreno de la sexualidad no se vea más como un río que uno debe cruzar con extremo cuidado, saltando de piedra en piedra para no caer y mojarse, sino como uno en el que se puede nadar y sumergirse.


Fuente: Catholic link 

Redacción: Natalia Monroy

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