Vie. Oct 7th, 2022

En la carta de san Pablo a los Efesios, cuando escribe a la comunidad, les dice que, por Jesucristo, Dios los eligió desde antes de la creación del mundo, para que, por el amor, fueran consagrados, santos e irreprochables. Amor aquí podría escribirse con mayúscula, pues se trata del amor de Dios. Por eso varios comentaristas del texto enseñan que Dios mismo suscita en nuestro YO personal la capacidad de amarlo; y que al lado de Dios y en Dios, emerge y se delinea el rostro del otro, de manera que la dimensión vertical del amor, por el conocimiento que se tiene de esta verdad, se vuelve relación horizontal del amor que se comparte.

El amor primordial, previo, de Dios y a Dios se confirma en la medida que sea la expresión del amor al otro. Así que se trata de una relación de amor que va del YO al TÚ, Y si esto no sucediera se rompería la dinámica en cascada, porque el amor verdadero no puede, desde el punto de vista del texto que nos ocupa, iniciar en el TÚ; todo parte del yo divino y del yo humano.

Es, pues, el Yo divino y en consecuencia el yo humano que se aproxima al otro y no a la inversa. Eso es lo que Jesús quiere que comprenda el doctor de la ley en nuestro texto: “¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”. El texto del amor original que le sirve al doctor de la ley para responderle a Jesús está tomado del libro del Deuteronomio capítulo 6 y es llamado “Schema” que significa; “escucha” y esa actitud de escucha sería la actitud actual de nosotros, que debiéramos tomar en serio, lo que Jesús termina diciéndole a su interlocutor: “Anda y haz tú lo mismo”.

Él es el buen samaritano que nos invita a hacer lo mismo llevando a cuestas la carga de muchos hermanos imposibilitados para llevarla por sí solos. Hay muchísimas víctimas de los ladrones en nuestra sociedad actual: los niños y los adolescentes, mujeres y varones, víctimas de lo que se llama “trata” de menores, hay muchas víctimas de los llamados cárteles, muchas víctimas entre los migrantes que huyen de su condición de marginados en su propia tierra.


Fuente: Catholic.net

Redacción: Natalia Monroy