Vie. Feb 3rd, 2023

El cristianismo tiene siempre un reto: ser universal en su enseñanza evangelizadora, pero mantenerse bien arraigado en distintas regiones, naciones y culturas. Este reto tiene riesgos especiales en el mundo ortodoxo. Allí, desde tiempos del Imperio Bizantino, las Iglesias ortodoxas son muy vulnerables a convertirse en herramientas del estado y el nacionalismo y convertirse en iglesias nacionales.

Esta conciencia fue la que llevó al obispo ortodoxo ucraniano Ihor Isichenko y a las parroquias de su diócesis a hacerse católicas, en un proceso que empezó en 2014 cuando a Rusia se anexionó Crimea y se ha consolidado este año.

Sucedió en 2020, y la prensa ortodoxa se hizo eco, pero pasó casi desapercibido en el caos general entre las 3 iglesias ortodoxas en liza en Ucrania y el conflicto al respecto entre Moscú y Constantinopla.

Tras la llegada de la libertad religiosa a Ucrania a partir de 1989, se evidenció que además de los greco-católicos que salían de la clandestinidad, había 3 grandes grupos de obediencias ortodoxas en el país. Por simplificar, diremos que una dependía de Kiev, otra de Moscú y una tercera, la UAOC, tenía bastante presencia en el extranjero, además de en el territorio ucraniano, y buscaba a veces el reconocimiento de Constantinopla.

Después de muchos avatares y debates, en 2020, casi todas las parroquias de la diócesis más oriental de la UAOC, la de Járkov-Poltava, con su obispo Ihor al frente, se integraron en la Iglesia Católica de rito griego ucraniano, la mayor de las Iglesia Católicas de rito oriental.

El obispo Ihor dirigió estas parroquias desde 1993 hasta 2020, «en condiciones de constante presión política y administrativa, falta de apoyo financiero, incomprensión e incluso hostilidad del ambiente público, formación espiritual personal y la inercia mental del Este de Ucrania, descristianizado y sovietizado», escribió en 2020.

Efectivamente, el Este de Ucrania, rico en minerales e industria, fue repoblado en época soviética por multitud de obreros llegados de Rusia, poco o nada religiosos, en ciudades soviéticas sin iglesias ni fe. Es la zona de Donbass, Donets y Lugansk, mucho menos creyente que el resto del país. «Sovietizado» es un buen adjetivo.

Una diócesis ortodoxa se disuelve porque casi toda se hace católica:

Después de muchos avatares y debates, en 2020, casi todas las parroquias de la diócesis más oriental de la UAOC, la de Járkov-Poltava, con su obispo Ihor al frente, se integraron en la Iglesia Católica de rito griego ucraniano, la mayor de las Iglesia Católicas de rito oriental.

El obispo Ihor dirigió estas parroquias desde 1993 hasta 2020, «en condiciones de constante presión política y administrativa, falta de apoyo financiero, incomprensión e incluso hostilidad del ambiente público, formación espiritual personal y la inercia mental del Este de Ucrania, descristianizado y sovietizado», escribió en 2020.

Efectivamente, el Este de Ucrania, rico en minerales e industria, fue repoblado en época soviética por multitud de obreros llegados de Rusia, poco o nada religiosos, en ciudades soviéticas sin iglesias ni fe. Es la zona de Donbass, Donets y Lugansk, mucho menos creyente que el resto del país. «Sovietizado» es un buen adjetivo.

Así, las parroquias de la UAOC que se hicieron católicas, eran pequeñas y distanciadas unas de otras. Las de Járkov, Poltava y Lozova pasaron a la jurisdicción del exarca (obispo) grecocatólico de Járkov. Las de Kiev y Kaniv, a la del arzobispado grecocatólico de Kiev.

Una parroquia estándar de la antigua UAOC tenía unos 100 miembros o menos. La parroquia de San Dimitri en Járkov (que es la segunda mayor ciudad de Ucrania) tenía sólo 70 miembros, de los que 68 votaron a favor de unirse a la Iglesia Católica. San Dimitri era la catedral y la escuela de catequistas y formación de la diócesis. Es una comunidad viva y dinámica, pero no numerosa. La diócesis de la UAOC tenía un centro académico y teológico, el Collegium del Patriarca Mstislav, que ahora es parte de la Universidad Católica de Ucrania. A todos los efectos, también legales, por votación de sus comunidades, esa diócesis de la UAOC dejó de existir.

Los sacerdotes que ahora son católicos

The Pillar ha hablado en agosto, tras medio año de guerra, con sacerdotes de la extinta diócesis ortodoxa que ahora son católicos. El padre Ihor Lytvyn, que pastoreaba la parroquia de la UAOC en Poltava, señala que ya había muchos lazos entre los parroquianos ortodoxos y los vecinos greco-católicos, especialmente en el Collegium donde había profesores católicos formando a catequistas ortodoxos.

Lytvyn hace un comentario medio en serio, medio en broma: «Personalmente siempre me he convencido de que si no eres ortodoxo eres un herético, y si no eres católico, eres cismático. Así que para mí no hubo nunca oposición entre ser ortodoxo y católico».

Oleh Bondaruk fue ordenado sacerdote en 2016 como ortodoxo. Su parroquia pasó de la UAOC a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania pero él decidió hacerse católico. «Aunque fui bautizado católico en la Iglesia Ortodoxa, crecí en un ambiente católico latino en la región de Jmenitsky, y tengo muchos polacos en mi familia. Desde 8º curso fui a una iglesia latina, incluso fui a un seminario latino un año. Pero cuando me mudé a Boyarka, cerca de Kiev, me alejé de la Iglesia. Un día me pidieron que llevara en coche al arzobispo Ihor a Kaniv y nuestra conversación me impresionó. Así, me hice sacerdote ortodoxo».

Ksenia Pidopryhora, una feligresa de San Dimitri que ahora es católica, explica que ya antes tenían en la parroquia muy buena imagen de personalidades greco-católicas, como el difunto cardenal Lubomyt Husar o el intelectual obispo Borys Gudziak. También, explica, se veía a la Iglesia greco-católica como un ejemplo de unidad, mientras que las iglesias ortodoxas ucranianas estaban divididas, incluso a nivel parroquial. También detalla que el proceso a la unidad con Roma se hizo con amplia posibilidad de hacer preguntas, ver, hablar y comentarlo todo.

El padre Viacheslav Trush de Lozoya, en la región de Járkov, explica que para tomar una decisión estudió la doctrina e historia católica, la mundial y la de Ucrania. «En la parroquia discutimos muchas cosas, estudiamos la historia de la Iglesia. Todo eso ha dado fruto. Tenemos una atmósfera de comunidad, como de casa, en que el sacerdote y los fieles lo debaten todo entre ellos y no hay secretos», detalla. Recordemos que hablamos de comunidades que no suelen superar los 100 feligreses implicados.

El padre Trush añade: «Ahora sentimos que pertenecemos a una comunidad global, la Iglesia greco- católica y la Iglesia Católica de todo el mundo, eso nos da sensación de apoyo. Para mí, como sacerdote, eso es importante».


Fuente: Religión y Libertad