Vie. Dic 2nd, 2022

El Arzobispo de Valladolid , Mons. Luis Argüello, ha definido como «revolucionario» en nuestro tiempo hacer presente lo sobrenatural en las calles a través de las vestiduras propias de las personas religiosas, consagradas u ordenadas.

El Prelado hacía esta reflexión en la homilía pronunciada con motivo de una ordenación diaconal, cuando se refirió a la posibilidad de llevar vestiduras específicas de los diáconos.

“Vais a llevar un vestido propio. Sobre el alba se os va a colocar una estola al modo diaconal y una dalmática. Y además podéis vestir un vestido clerical, podéis llevar un distintivo para que se vea en la plaza pública que sois hombres consagrados al Señor”, explicó el Arzobispo.

“Hubo un tiempo en el que la novedad pareció que tenía que ver con quitarnos la sotana y el clergyman. Hoy hay un tiempo en el que seguramente lo revolucionario, lo novedoso, la presencia de lo sobrenatural en las calles y las plazas, sea que los frailes lleven hábito que las monjas se han reconocibles y que los que hemos sido ordenados también lo sean”, añadió.

Vivir la condición esponsal de todo ser humano

Respecto de la promesa de celibato de los nuevos diáconos, el Prelado subrayó que se trata de vivir la “condición esponsal que todo hombre y mujer tiene”. En este sentido, exclamó: “¡Qué contracultural en un momento de banalización extraordinaria de la sexualidad, en un momento en el que la esponsabilidad parece que ha perdido su sitio, vosotros prometéis vivir en el amor célibe!”.

La libertad de amar sin condiciones

El Arzobispo de Valladolid también destacó la promesa de obediencia al obispo y sus sucesores en una época dominada por “la auto referencialidad, del ‘yo decido’, del derecho a decidir, de la proclamación de derechos, sin la otra cara de los derechos que son, inevitablemente, los deberes”. Con la promesa de obediencia, los diáconos ponen su libertad “en manos de la Iglesia, para que resplandezca la comunión y para que resplandezca una libre libertad. La libre libertad de no buscarnos a nosotros mismos, la libre libertad de amar, sin correspondencia, sin condiciones”.



Fuente: Aciprensa

Redacción: Natalia Monroy