Jue. Dic 1st, 2022

Monseñor Ignacio Ayau Kaigama, Arzobispo de Abuya, en Nigeria, expresó su preocupación por la ola de secuestros y actos de violencia que terroristas están cometiendo contra sacerdotes, religiosas y fieles católicos y le pidió al Gobierno que afronte el problema con seriedad.

 

El primer hecho de violencia ocurrió en la noche del 27 de diciembre, cuando por primera vez en la historia de la Iglesia en Nigeria secuestraron a un obispo. Se trató de Monseñor Moses Chikwe y en esa ocasión también secuestraron a su conductor, Ndubuisi Robert. El 1 de enero Monseñor Chikwe y su chofer fueron liberados.

 

El 15 de diciembre también fue secuestrado por desconocidos armados el Padre Valentine Exeagu, de la congregación de los Hijos de María Madre de la Misericordia y fue liberado día y medio después.

 

De igual manera fue retenido por 10 días y posteriormente liberado el Padre Matthew Dajo, de la Arquidiócesis de Abuya. Lamentablemente, el Padre John Gbakaan de la Diócesis de Minna, no corrió con la misma suerte. El 15 de enero fue secuestrado y al día siguiente fue asesinado.

 

Sobre el tema de los secuestros Monseñor Kaigama aseguró que se han vuelto una “enfermedad que se extiende sin que se haga ningún esfuerzo significativo para detenerla” y su incremento tiene que ver directamente con la falta de seriedad con la que las autoridades han asumido estos delitos.

 

En el pasado “la gente pensaba que no les ocurriría secuestrar a los líderes religiosos. Por eso, cuando ocurre, es una noticia destacada”, La Iglesia Católica en Nigeria se distingue por ser visible, muy respetada y reconocida. Por esta razón, los secuestradores saben que atacar católicos es conveniente para sus fines.

 

“Es una estrategia de los terroristas. Atacan donde la repercusión es más fuerte, eso es lo que consiguen atacando a sacerdotes y religiosos católicos”, Los criminales, bandidos o como quiera que los llamen son conscientes de que cuando tocan a un sacerdote o a una religiosa católica se convierte muy rápidamente en noticia, creen que eso obliga al Gobierno a tomárselo en serio”, afirmó el obispo.

 

Asimismo, denunció que el Gobierno no está tomando en serio el problema que viene desde hace muchos años y aún no identifican a los autores de los crímenes. Una muestra es que “las palabras: ‘terroristas’, ‘bandidos’ y ‘hombres armados’ se han utilizado indistintamente para calificar a quienes están detrás de estos secuestros, pero no se conoce a ciencia cierta su identidad”.

 

“El hecho de que nuestras fuerzas de seguridad sean incapaces de identificar a estas personas resulta desconcertante y da a entender que no se esfuerzan mucho por garantizar la seguridad. Esto sigue y sigue, y a nosotros nos cuentan siempre la misma historia”, señaló el prelado.

 

Diferentes móviles para el secuestro

 

Para Monseñor Ignacio Ayau existen varios móviles para los secuestros. Hay raptos por motivos económicos, perpetrados por delincuentes que “solo buscan dinero rápido, que retienen a personas como rehenes y piden rescates de millones de nairas”.

 

También hay fundamentalistas religiosos que buscan la expansión territorial para conquistar a los que consideran infieles, y los cristianos son el número uno en su lista. También atacan y matan a musulmanes que no profesan el mismo culto que ellos”.

 

Por añadidura, “algunos son simplemente fanáticos religiosos que se han olvidado de lo que quieren, pero redoblan sus esfuerzos en matar y destruir”.

 

Sobre el pago de rescates, Monseñor Kaigama dijo: “Nosotros, los obispos de Nigeria, hemos acordado por unanimidad en nuestra Conferencia Episcopal y hemos dejado muy claro que no pagamos rescates. Cuando un sacerdote es secuestrado, este deja claro que su Iglesia no paga rescates”.

 

“Pagar un rescate significa poner en venta y en peligro a todos los sacerdotes, religiosas y colaboradores de la Iglesia que se desplazan continuamente entre las aldeas, sin disfrutar de ningún tipo de comodidad, pero siempre dispuestos a sacrificarse por amor a Dios y a su pueblo, los pondría en peligro porque así se fomenta la criminalidad y se invita a los secuestradores a ocasionar más daño”, especificó el prelado.

 

Igualmente denunció que “la gente permanece secuestrada durante años, por ejemplo, las niñas de Chibok, entre ellas Leah Sharibu, y muchos más, y aquí lo vemos como algo normal. Son lo que yo llamaría víctimas silenciosas, y son muchas”.

 

 “No hacemos buen uso de lo que tenemos: incluso si se destina dinero a comprar equipos de seguridad, el dinero se pierde en el proceso, cuando se compran, estos resultan defectuosos. El Gobierno debe utilizar bien el dinero y ocuparse de los agentes de seguridad que están en primera línea frente a estos criminales, juntos debemos hacer un esfuerzo más decidido por combatirlos”, concluyó Monseñor Ignacio Ayau Kaigama.

 

 

 
Fuente: Aciprensa
 
 
Nota enviada por la periodista Teresita González a webmaster