Ana Paula Meriguete y Victor Ribeiro, de Guarapari, de Guarapari, Brasil, se casaron el 16 de febrero de este año, tras dos años y medio de noviazgo, y decidieron extender la celebración a sus convicciones religiosas y su compromiso con obras sociales: cinco días después del matrimonio, ofrecieron una cena festiva para 160 personas necesitadas, entre niños y familias, atendidas por acciones de apoyo en el Centro Social de Santa Mónica. Los jóvenes brasileños de 23 y 24 años, Ana Paula y Victor sintieron esa inspiración durante la misa

Ana Paula, de 23 años, afirmó en una entrevista a la TV Gazeta:

“Empezamos a rezar para ver lo que Dios quería de nosotros. Y, al rezar, empezamos a tener varias confirmaciones. No fue solo una acción solidaria. Para mí, fue conmovedor de principio a fin. Cuando entró la primera familia, nos emocionamos mucho. Y yo se que fue muy importante y emocionante para ellos también. Renuncié a algo a cambio de la paz que Dios dejó en mi corazón”. 

Victor, de 24, añade:

“Durante la cena, los niños e incluso los padres de ellos nos venía a abrazar y a felicitar. Vivimos aquello realmente como nuestra fiesta de bodas. Recibimos mucho más de lo que damos. Salimos de ahí llenos. Cuando terminó la cena, nos miramos el uno al otro y fue una sensación de realización. El sentimiento es de gratitud”.  

La inspiración vino durante una misa en que se entonó “O meu Reino tem muito a dizer” (Mi Reino tiene mucho que decir), de J. Thomaz Filho y Frei Fabreti. Un pasaje del canto, evocando el evangelio de Lucas, dice:

“Si una cena quieres proponer / no invites amigos, hermanos y otros más / Sal a la calle y busca a quien / no pueda recompensarte / que tu gesto será recordado por Dios”. 

Si al principio la pareja se topó con alguna resistencia de amigos que pensaban que la idea era “una locura”, cada vez más personas se apresuraron a ayudarlos a medida que el tiempo pasaba y se sentían inspirados por la iniciativa.

Víctor comenta:

“Empezamos a sumar fuerzas. Los amigos llevaron la música en vivo, una empresa prestó sus sillas, otras los manteles, la decoración, los voluntarios. Conseguimos personas para ayudar a preparar la cena. Al final, conseguimos algo mucho mejor de lo que esperábamos”. 

Como admiten los filósofos, “el bien se difunde a sí mismo”. ¡Ayudemos a difundir cada vez más el bien!

Fuente: Aleteia